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martes, octubre 21, 2008

Tumba

Miedo, nervios, tensión. Entrar a la cárcel es una experiencia fuerte. Salir de la cárcel es una experiencia todavía peor. Porque uno se va, porque los demás quedan; y quedan en medio del hedor, del encierro, del miedo, los nervios y la tensión. Porque uno es periodista, los demás presos.

La cárcel tiene sus ruidos, su música... la cárcel tiene su olor.

Creo que extraño ese miedo, esas miradas imposibles de sostener, esa tensión a cada paso, esas paredes que esconden, ese piso manchado, ese patio que arde, que quema. Creo que a veces extraño a ese periodista también.

Recomiendo mucho la última nota de tapa de la revista C del diario Crítica de la Argentina.

Conozco esa mirada y nunca, nunca me la voy a olvidar.

martes, junio 24, 2008

Me arde... me quema

Alguna vez escribí...
"(...) cuando llegaba hecho mierda, cuando me sangraban las encías y no podía dormir, cuando mi psicóloga me dijo que tenía un clarísimo síndrome de burn out, dejé la tele".
Ahora escribo
Desde que tuve la maravillosa idea de hacerme periodista no paré nunca, en aquel momento sostenía -y aún sostengo- que había empezado tarde y mis años tenían que valer por dos y, para rematarla, tampoco tenía vacaciones y metía años por cuatro. Quizás en alguna matemática sea un cálculo posible, pero como las matemáticas me están vedadas desde que tengo memoria, es claramente un cálculo que atenta de forma directa en mi contra, pero sí: hice un considerable currílculum en estos años. Pero vuelvo a llegar hecho mierda a casa, y aunque todavía no me sangran las encías, apenas si puedo dormir y no, no quiero dejar todavía...
Ahora pienso
Estoy decididamente cansado y me encantaría que alguien me estuviera grabando en este momento, mitad yo, mitad no, mitad alguien que busca un horizonte que jamás se alínea en donde debería, que se resiste a aparecer por mucho lomo que le ponga, y por mucho que le ponga o sienta que finalmente lo rozo, va a existir una estructura perversa de país que me lo va a borrar casi sin que me entere. Y al final de mi camimo apurado, sólo voy a tener un nutrido CV, algunas buenas referencias y unos pocos amigos, tan perdidos como yo.
Ellos más jóvenes, yo más cansado.
Y sigo pensando...
Es que creo que estoy cansado de astros que intentan alinearse, y cuando finalmente lo hacen los revuelvo con una sola mano caprichosa y los dejo todos mareados, a los pobres que tanto habían hecho para encaminarme...
Y pensando...
El país se derrumba y cuando casi acariciaba mi meta más preciada, se desvanece ante mí, entonces me relajo un tiempo y veo un chiche que me quiero comprar y me privo porque sé, en el fondo sé, que sí tengo un horizonte y que es por eso que voy hipotecando mi propia vida, que con toda naturalidad transcurre mientras yo sigo para adelante, dejándola a ella muy atrás...
Ahora siento...
Y así sigo, entre que me arde y me quema, y el ideal romántico más perfecto que hay se presenta en forma de niña tímida que, con toda la ternura y la pureza que alguien puede imaginar, me llena de un amor que no se dice y me emociono al punto de temblar en medio de una caterva de nervios: dudas, intrigas, oscuridades. Y tener la certeza gélida de que no dejo relación por destruir. En mi ser todo piel intenté escribir y fallé, no tuve el coraje, no la inspiración... no las palabras.
Tengo la certeza (o casi)
De estar cansado, realmente. Me arde todo el cuero... y mi gente próxima tan víctima de mí.
De necesitar un horizonte, antes de que mi psicóloga me lo vueva a advertir. Y ya sea tarde...
De necesitar certezas y de no encontrarlas, de sacudirme de miedos que no puedo sacudir.
Pero sí...
Todavía tengo mis penas, mis noches, ahora más breves, y mi espíritu esperando entre el sueño, el cansancio y la vida. Son momentos en que todo se llena de nada..., una nada casi elegida que se evapora con la salida del sol y una violenta vorágine que espera que la agite, la exite y la acelere. De eso se trata y en la nada espero, sin agites, ni exitación...
Sin la niña del amor que no se dice (y ella dijo).

viernes, marzo 28, 2008

Nota a lo que viene II



Es grave porque ya no veo lo que tipeo, el fondo blanco de la computadora se vuelve rugoso y veo como las letras que elijo se van adhiriendo, pegadas para siempre en ese blanco y pegajoso del que no saldrán jamás. Es la nota a lo que viene, a lo que pienso escribir, un algo que habla de tropiezos y luces que encandilan, que hablan de oscuridades que adoro y en realidad todo habla de lo mismo, de mi precaria y eterna soledad. De una soledad crónica. Porque no me puedo estar sin gente y nada me hace más feliz que estar solo. Notas a lo que viene. La primera tenía pequitas, ojos verdes, pelo negro, lacio, piel muy blanca. La segunda era tan bella que dolía, era una mirada capaz de transformar cualquiera de mis sentidos, era una adicción que sé no voy a volver a sentir. Chiquita, ojos hipnóticos, la forma, la profundidad, el color, los dientes y sí: el formato todo era mío. Nada volvió a ser lo que fue. La tercera me cautivó la mente, me violó sin que me entere y me hizo suyo, tenía rulitos simpáticos entonces, una sonrisa enternecedora, un cuerpo casi virginal en una actitud completamente virginal. Ella toda dulce, toda ella y su hablar. La última fue un escándalo, un error cósmico: encantadora, hermosa, su aura brillaba fuerte y rodeaba a una de las mujeres más lindas que conocí jamás. El cruce de razas hicieron de sus ojos dos ranuras casi rectangulares que permitían el brillo eterno en los ojos más celestes y daban sentido a la sonrisa vertical, a un cuerpo de vértigo y a una energía sin igual, energía que sólo servía para tapar el infinito vacío de su interior: fortaleza en el más fino de los cristales. El formato que jamás fue mío, y del que tanto aprendí. Notas a lo que viene. Y lo que viene soy yo, y todas a su manera, con sus formas, con sus miedos y sus amores, me rompieron el corazón para quedar indelebles en mí. Notas a lo que viene. Y lo que viene soy yo, pero no, todavía no...

domingo, marzo 23, 2008

Nota a lo que viene...

No me puedo dormir
Y eso no es lo grave
No me quiero dormir
Eso es lo grave

jueves, marzo 20, 2008

Dark Side


Se me fue la autoestima al carajo. El espejito que me daba la diestra, ahora sólo me da la espalda y La Nada se hace espesa y se hace toda. Me refugio en mi música y en mi auto y sufro porque no doy en la tecla, ni en los acentos, ni en las comas, y a veces pienso que estoy cansado como caballo viejo y que me gustaría tener un quiosco y venderle sugus a los pibes de un barrio mientras escucho la radio y miro la vereda, para después llegar a una casa periférica y tocar un piano viejo que no tengo ni sabría tocar. Detesto el encorsetamiento frígido de una cabeza informativa que realmente me nefrega, porque no me puede importar menos la actualidad y la coyuntura ridícula en la que vivimos. Porque me cago con la mayor honestidad en la mierda que me rodea. No sufro por eso, no me escandaliza, no me conmueve, no me intriga; me aburre, me parece básica, predecible e intrascendente. De verdad pienso que la gente no necesita en absoluto saber cada mierda que pasa a cada minuto. Necesita prescindir de datos, estadísticas, de ciertos hechos. De verdad pienso que la gente tiene que saber escuchar una canción, perder su alma entre las líneas de un libro o sus ojos en otros ojos que le arranquen lágrimas de emoción. Todo lo demás es la imbecilidad hecha vorágine, una farsa que se repite cíclica cada veinticuatro horas y que no termino de tolerar por mucho cuero que le ponga a toda esta historia que elegí, y que para muchos me convierte en un privilegiado. El periodismo es la más grande de las mentiras que todavía se sostienen; inconcebible y dañino existe para calmar conciencias y acompañar cómplice enormes atrocidades. El periodismo en su propia esencia es un atentado a la verdad, por lo menos tal como yo entiendo a la verdad. Me la busco y la encuentro y mi vida también se torna cíclica y mi periodo más autodestructivo aún viene conmigo por mucho que le ponga también a esa historia. Mi hocico sigue clavado en lo más hediondo y putrefacto, y me encargo de husmear un poco más allá a costa de convulsiones, arcadas y asfixia. El derecho de piso crónico, la gente que se repite incansable y yo que los miro y que los odio, para que en poco tiempo ellos pasen de ignorarme a adorarme y nunca más dejarme en paz. Tuve una semana venenosa. Quizás sólo sea eso y quizás toda mi furia en esta noche de mil cigarrillos sea la pasividad extrema que mantengo en mí día a día, cuando no hago más que mirar impávido y mudo como pifio en cosas que de verdad conozco. Me serena el alma la oculta esperanza de algún día simplemente poder huir, yo y esos acordes que no se ejecutar para perderme en algún punto en donde solos encontremos paz y resignación. Mientras tanto los comparto, porque de eso también se tratan mis verdades. Si alguien alguna vez escuchó algo más hermoso y catártico que ese Ave María que por favor lo diga en este minuto. Y créanme: no estoy para pelotudeces.