martes, octubre 21, 2008
Tumba
martes, junio 24, 2008
Me arde... me quema
Alguna vez escribí...viernes, marzo 28, 2008
Nota a lo que viene II
Es grave porque ya no veo lo que tipeo, el fondo blanco de la computadora se vuelve rugoso y veo como las letras que elijo se van adhiriendo, pegadas para siempre en ese blanco y pegajoso del que no saldrán jamás. Es la nota a lo que viene, a lo que pienso escribir, un algo que habla de tropiezos y luces que encandilan, que hablan de oscuridades que adoro y en realidad todo habla de lo mismo, de mi precaria y eterna soledad. De una soledad crónica. Porque no me puedo estar sin gente y nada me hace más feliz que estar solo. Notas a lo que viene. La primera tenía pequitas, ojos verdes, pelo negro, lacio, piel muy blanca. La segunda era tan bella que dolía, era una mirada capaz de transformar cualquiera de mis sentidos, era una adicción que sé no voy a volver a sentir. Chiquita, ojos hipnóticos, la forma, la profundidad, el color, los dientes y sí: el formato todo era mío. Nada volvió a ser lo que fue. La tercera me cautivó la mente, me violó sin que me entere y me hizo suyo, tenía rulitos simpáticos entonces, una sonrisa enternecedora, un cuerpo casi virginal en una actitud completamente virginal. Ella toda dulce, toda ella y su hablar. La última fue un escándalo, un error cósmico: encantadora, hermosa, su aura brillaba fuerte y rodeaba a una de las mujeres más lindas que conocí jamás. El cruce de razas hicieron de sus ojos dos ranuras casi rectangulares que permitían el brillo eterno en los ojos más celestes y daban sentido a la sonrisa vertical, a un cuerpo de vértigo y a una energía sin igual, energía que sólo servía para tapar el infinito vacío de su interior: fortaleza en el más fino de los cristales. El formato que jamás fue mío, y del que tanto aprendí. Notas a lo que viene. Y lo que viene soy yo, y todas a su manera, con sus formas, con sus miedos y sus amores, me rompieron el corazón para quedar indelebles en mí. Notas a lo que viene. Y lo que viene soy yo, pero no, todavía no...
domingo, marzo 23, 2008
jueves, marzo 20, 2008
Dark Side
la tecla, ni en los acentos, ni en las comas, y a veces pienso que estoy cansado como caballo viejo y que me gustaría tener un quiosco y venderle sugus a los pibes de un barrio mientras escucho la radio y miro la vereda, para después llegar a una casa periférica y tocar un piano viejo que no tengo ni sabría tocar. Detesto el encorsetamiento frígido de una cabeza informativa que realmente me nefrega, porque no me puede importar menos la actualidad y la coyuntura ridícula en la que vivimos. Porque me cago con la mayor honestidad en la mierda que me rodea. No sufro por eso, no me escandaliza, no me conmueve, no me intriga; me aburre, me parece básica, predecible e intrascendente. De verdad pienso que la gente no necesita en absoluto saber cada mierda que pasa a cada minuto. Necesita prescindir de datos, estadísticas, de ciertos hechos. De verdad pienso que la gente tiene que saber escuchar una canción, perder su alma entre las líneas de un libro o sus ojos en otros ojos que le arranquen lágrimas de emoción. Todo lo demás es la imbecilidad hecha vorágine, una farsa que se repite cíclica cada veinticuatro horas y que no termino de tolerar por mucho cuero que le ponga a toda esta historia que elegí, y que para muchos me convierte en un privilegiado. El periodismo es la más grande de las mentiras que todavía se sostienen; inconcebible y dañino existe para calmar conciencias y acompañar cómplice enormes atrocidades. El periodismo en su propia esencia es un atentado a la verdad, por lo menos tal como yo entiendo a la verdad. Me la busco y la encuentro y mi vida también se torna cíclica y mi periodo más autodestructivo aún viene conmigo por mucho que le ponga también a esa historia. Mi hocico sigue clavado en lo más hediondo y putrefacto, y me encargo de husmear un poco más allá a costa de convulsiones, arcadas y asfixia. El derecho de piso crónico, la gente que se repite incansable y yo que los miro y que los odio, para que en poco tiempo ellos pasen de ignorarme a adorarme y nunca más dejarme en paz. Tuve una semana venenosa. Quizás sólo sea eso y quizás toda mi furia en esta noche de mil cigarrillos sea la pasividad extrema que mantengo en mí día a día, cuando no hago más que mirar impávido y mudo como pifio en cosas que de verdad conozco. Me serena el alma la oculta esperanza de algún día simplemente poder huir, yo y esos acordes que no se ejecutar para perderme en algún punto en donde solos encontremos paz y resignación. Mientras tanto los comparto, porque de eso también se tratan mis verdades. Si alguien alguna vez escuchó algo más hermoso y catártico que ese Ave María que por favor lo diga en este minuto. Y créanme: no estoy para pelotudeces.