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lunes, octubre 05, 2009

C & C

"Había formado propósito de casarse con una señorita honrada, pero sin dote, e irresistiblemente había de ser una que ya hubiese conocido la pobreza, porque según nos explicó, el marido no debe estarle obligado por nada a su mujer, siendo mucho mejor que la mujer considere a su marido como su protector"

"Con embriaguez soñaba, en el más profundo secreto, con una muchachita decente y pobre (no tenía más remedio que ser pobre), muy joven, muy guapa, buena e instruida"

"¡Cuántas escenas, cuántos dulces episodios se representaban en su imaginación acerca de este tema seductor y gracioso, cuando descansaba de sus ocupaciones!"

"Sabía que por medio de las mujeres puede lograrse mucho. El prestigio que irradia una mujer honrada y culta podía allanarle prodigiosamente el camino, granjearle simpatías, prestarle una aureola..."
F.M.D

lunes, abril 06, 2009

Haberlo sabido antes...


"Guárdate de los señalados de Dios"

jueves, junio 12, 2008

Intro de un genio

La historia de Benny Hill está completa de contradicciones. Cualquiera creería que se trataba de un hombre sociable, rodeado de mujeres, que disfrutaba de las mieles de un éxito sin fronteras y nada, nada está más lejos de eso.
Benny Hill, o Alfred Hawthorn Hill, su verdadero nombre, era una persona solitaria que escapaba de las multitudes, que jamás se casó ni tuvo casa o auto propio, y que siempre vivió con su madre en un departamento alquilado cerca de los estudios en los que trabajaba.
Además, fue uno de los humoristas más criticados y censurados en Inglaterra. En 1989, luego de veinte años de éxitos, la cadena de televisión Thames lo sacó del aire por “machista, abusivo con las mujeres y retrógrado” y en más de una oportunidad se rumoreó sobre su supuesta homosexualidad, dato que jamás se confirmó.
El año pasado, la BBC en Estados Unidos pidió que no seguir repitiendo su programa por no ajustarse a la “nueva mentalidad británica”.
Pero la historia de Benny Hill comienza en 1926, por lo menos en teoría, porque también hay dudas sobre su fecha de nacimiento...

No sólo actuaba, también cantaba, escribía y componía la totalidad de su show. Murió tres meses después de su madre. La policía lo encontró sentado frente al televisor.

(Estoy escribiendo sobre él. Quise postearlo. Un genio)
Próximamente en C&C

miércoles, mayo 28, 2008

LES TEMO

No hay nada que me guste más que una mujer y el comentario podría sonar pajero pero no lo es, es cierto, es real, es mío. Es así. Amo por sobre todas las cosas a las mujeres; no hay nada que respete más, que pueda admirar más y jamás voy a tener una relación de amistad con un hombre como la puedo tener con una mujer. Siento a las mujeres como mejores en todo: más inteligentes, sensibles, profundas. También más frías si es necesario, más decididas, más valientes. Ven lo que los hombres jamás podremos ver y crezco a través de ellas tanto que por momentos los hombres se me antojan menores, brutos, inconsistentes y el comentario podría sonar gay pero no lo es, es cierto, es real, es mío.

Respeto a las mujeres al punto del miedo, finalmente creo que también les temo. Me rindo ante ellas, me debilitan, me quitan el sueño, el hambre, el aire. No hay cosa más bella que los ojos de una mujer, nada más suave que su piel, más cierto que su sonrisa cuando es genuina. No hay como sus manos, tanto más fuertes que las de un hombre. Sus consejos, su sumisión cuando hay sumisión, su dolor cuando el dolor. Dueñas madres de la entrega y el placer: de los sentidos, de la realidad y la fantasía.

Finalmente creo que les temo y por eso las denigro, por eso, entre tantas cosas.

domingo, abril 06, 2008

Luna de Avellaneda

Empecé a fumar a los trece años, un poco por la edad, un poco por idiota: un idiota que mantuvo el secreto bien guardado durante cinco años, años de esconderme en baños, pasillos y rincones a pitar cigarrillos que robaba. Me descubrieron a los 18, me descubrieron porque dejé de prestar atención, y dejé de prestar atención porque sólo podía pensar en Lorena.
La conocí con 18 años recién cumplidos en un pueblo de campo. Ella era la chica linda del boliche: pelo negro, ojos verdes, curvas peligrosas. Yo era el chico de Buenos Aires y me creía el dueño del mundo. Nos enamoramos sin más. Sacó mi lado romántico -exacerbadísimo por la edad- y pensé en amarla mientras me quede vida.
Ella del campo, yo de la ciudad y la separación -con lágrimas incluidas- fue uno de mis primeros golpes amorosos.
Volví caminando entre nubes, hablándole a las plantas y suspirando como cualquier enamorado de 18 años recién cumplidos. Orgulloso, mostré a todos las fotos de mi nuevo amor -sus ojos verdes, su pelo negro, sus curvas peligrosas-: hasta se las mostré a mi viejo que discretamente se hinchaba por la conquista del hijo varón. Nunca reparé en el cigarrillo que aparecía entre mis dedos en cada una de las fotos y así fue como mis padres descubrieron que el varoncito no sólo tenía un nuevo amor, también tenía un vicio, y no tan nuevo.
Pasados algunos días, la chica culpable de mi fatal descuido (a las pocas semanas fumaba descaradamente en cualquier lado), se mostró a los besos en frente a mi amigo del campo. Me rompió el corazón y nos dejamos de querer por teléfono. Al tiempo volví al pueblo y, después de una finísima venganza, nos reconciliamos y hasta empañamos los vidrios de un auto prestado. Me fui ya sin amarla y pasaron los años.
Tengo la firme convicción de que nadie se olvida de una persona de la que estuvo enamorada, con todos los matices que esa palabra pueda tener. Tengo 30 y en estos doce años intermitentemente Lorena aparecía: por comentarios, por mail, y más cerca en el tiempo, por mensajes de texto.
Después de doce años de no verla, en Avellaneda me reencontré con aquella novia de la adolescencia. Estuvo ocho años en pareja, tiene una hija de poco más de un año y está sola. Sus ojos siguen verdes y su pelo negro, las curvas menos afiladas reconocen su pasado de gloria, pero hoy descubrí que nada de eso era lo que me había cautivado.
Lorena me llega, en algún punto me emociona, y a pura inocencia hasta me hace reflexionar. Estaba nerviosa, temblaba, tenía calor, se reía: Lorena me quiere, siempre me quiso, y se le nota.
Llegué a mi casa hecho recuerdos. Pasaron años y en el medio del laberinto de Avellaneda descubrí que yo de verdad podría amar a Lorena, con una salvedad: sé que nunca va a pasar.

domingo, agosto 07, 2005

Wolf in sheep’s clothing

Entró sigilosamente en aquella casa, sabía muy bien que no había nadie y a pesar de eso tenía miedo. Había planeado esa noche dos meses atrás y maldiciendo su cobardía robó y simplemente se fue.
En un pueblo como aquel las noticias corrían rápido y junto con su desayuno fue recibiendo los discretos comentarios de sus padres acerca de lo que iban leyendo del diario. Contuvo sus nervios mientras tragaba lentamente aquel amargo café.
Con las manos en los bolsillos y actitud despreocupada caminó por aquellos laberintos de tierra levantando polvo con las zapatillas. El pueblo se hallaba totalmente abocado al asunto, la policía buscaba pistas y trataba de calmar los nervios generalizados, incluso ellos estaban anonadados ante tal perversión.
En medio del camino los vio, lloraban. Quiso no sentir, se le hizo muy difícil, quiso seguir adelante pero los pies no respondían, esa gente realmente sufría. Podía ver la angustia en sus ojos, ellos no le prestaron atención y se sentó fuera de su vista. Mientras fumaba las cosas se fueron aclarando y se sintió mejor. Cuando volvió a dirigir la vista al lugar ya no estaban ahí, no se incorporó de inmediato pero lo hizo al cabo de unos minutos.
Al llegar a la avenida sintió miradas que lo acorralaban escudriñando cada centímetro de su ser. Siguió hasta el lugar que había elegido y lo deshizo en pedacitos: era blando, resbaladizo, el escalpelo ayudó en momentos en que sus dedos no podían separar las partes.
Después de un rato se durmió y soñó. Volaba, estaba solo y flotaba entre nubes muy rosas que lo mojaban, el líquido era suave y el olor dulce. Estuvo ahí, sabía que había estado ahí antes y cuando despertó en su celda recordó aquel lugar tan especial, bañado en la sangre del tan tierno recién nacido. Ahora podía morir contento, finalmente supo porqué sus días terminarían en aquella habitación..., aquella húmeda habitación.