
Me acaban de hacer un llamado que me dejó contento. Resulta que después de revolcarme bien a fondo en el fango de la pena, de la pena entendida a lo Calamaro (en la del corazón que grita), ahora me detengo y miro. Acaban de avisarme que va a salir un programa al aire, un programa en el que trabajé mucho, con un grupo de gente genial, un programa al que le puse alma y corazón; el programa con el que siento me recibí de productor de televisión en serio y que las vueltas de la tele dejaron fuera de circuito.
En realidad me detengo y pienso que estoy trabajando en una revista que me divierte, que me da la libertad de hacer y decir lo que quiera, que también soy parte del lanzamiento de un nuevo diario con todo lo que eso significa, porque es un proyecto gigante que todavía no termino de creer. Resulta que tuve que dejar colaboraciones para dos revistas muy copadas para poder hacer todo esto y ahora me vengo a enterar que parte de mí también va a estar en el prime time de Telefé.
Tengo que decirlo: estoy contento. Muy contento conmigo mismo.
Y es algo que necesitaba.
¡Amén!