
Papá Noel no existe, son los padres.
Riggy tampoco, soy yo.
Primero fue tipear rápido creyendo que así iba a lograr muchas cosas, pero no fue tipiando: fue observando, mirando a los ojos, estando atento como un felino, tenso y a la espera, como ahora. Por lo menos eso creo. Después fue sufrir y mirar de lejos, hacer comentarios idiotas y escuchar música. Finalmente llegó la hora de entrenarse y me entrené. Volví a estar atento, a mirar y a ser una persona silenciosa capaz de no quejarse jamás, de no hablarte jamás y estar siempre. Y después me echaron.
Pero volví y la pasé muy mal. Y nació Riggy, que venía estando ahí, graciosito, en un mundito de alter egos de familia argentina hollywoodense. Fue él quién se hizo de amiguitos virtuales, quién se dedicó a dejar salir todo eso que me supuraba a mi.
Después parecía que el entrenamiento estaba listo. (“Ya está, ¡llegué!”) Y con mi llegada llegaron los chaqueñitos y llegó Erica y todos los demás (así de duro, de triste, de trágico). Llegó la calle, el dolor, el hambre y la furia que se desvanece en resignación. Riggy soy yo en plan Catarsis blog. Riggy soy yo montado en un auto en mitad de la noche, fumando desesperado, huyendo el mundo, teniendo vida estando muerto. Y yo soy periodista, para bien o para mal. Y laburo. Y mucho. Y no estoy jamás y no quiero escuchar a nadie y sí: los abandoné a todos y cada uno. Y no me rompan las pelotas porque bastante hinchadas las tengo. Y no me vengan a sermonear porque vengo de ver mierda, mierda y mierda. Ahora las chicas se suicidan pidiendo que las quieran, las entiendan y son hasta cuarenta y tres los rivotriles que se clavan. Y otra vez ojos perdidos, fijos, muertos cristalizados en la nada que esta vez ganó. Y un novio celoso te mata a martillazos y una mujer en la cárcel ve reflejada su historia en una ficción de televisión. Y todo pasa y yo lo miro, lo disfruto y lo tengo que vomitar. Vomitarlo como Cielo y su libro y la nota que jamás le voy a hacer. Porque ya pasó el entrenamiento, ya pasó todo, lo más feo y lo más duro está por llegar. Nueva etapa. Una en la que la política lo es todo, donde el prestigio y el ascenso parecen metas. Y voy a tener que perder esa virginidad, como perdí todas las demás. Me quedaré con las ganas de llegar a Cielo. Me voy a conformar con leer su libro y seguir chateando con sus fans. Y después voy a venir a morir acá, pero no yo: Riggy from the blog, sólo él. Y todo termina en un trauma post laboral, o algo así según la definición del Comandante.
Finalmente ella va a morir y yo no voy a verla. Ella va a cerrar sus ojos y nada, jamás fui. Y quizás me arrepienta pero estoy grande y tengo que correr. Tengo que recuperar tiempo a costa de lo que venga, y me voy a equivocar y espero que sea rápido porque no da para mucho más. No sólo yo, Riggy tampoco da para mucho más. Espero que para cuando esto pase ella aún no haya muerto porque quisiera contarle que estuve corriendo, muriendo, creciendo y que me convertí en algo que quería ser, en algo para lo que me había preparado mucho. Y que finalmente sí: no cambié, creo en las mismas cosas pero soy mucho más de lo que era hace años. Murió la frustración, nació algo nuevo y lo parí con dolor.
Tenía que desaparecer y lo hice. Lo voy a seguir haciendo asique por favor no me molesten. No me pidan nada. Solamente miren, escuchen y déjenme ser.
From Riggy’s blog
Yo
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