
No hay nada que me guste más que una mujer y el comentario podría sonar pajero pero no lo es, es cierto, es real, es mío. Es así. Amo por sobre todas las cosas a las mujeres; no hay nada que respete más, que pueda admirar más y jamás voy a tener una relación de amistad con un hombre como la puedo tener con una mujer. Siento a las mujeres como mejores en todo: más inteligentes, sensibles, profundas. También más frías si es necesario, más decididas, más valientes. Ven lo que los hombres jamás podremos ver y crezco a través de ellas tanto que por momentos los hombres se me antojan menores, brutos, inconsistentes y el comentario podría sonar gay pero no lo es, es cierto, es real, es mío.
Respeto a las mujeres al punto del miedo, finalmente creo que también les temo. Me rindo ante ellas, me debilitan, me quitan el sueño, el hambre, el aire. No hay cosa más bella que los ojos de una mujer, nada más suave que su piel, más cierto que su sonrisa cuando es genuina. No hay como sus manos, tanto más fuertes que las de un hombre. Sus consejos, su sumisión cuando hay sumisión, su dolor cuando el dolor. Dueñas madres de la entrega y el placer: de los sentidos, de la realidad y la fantasía.
Finalmente creo que les temo y por eso las denigro, por eso, entre tantas cosas.