Sus rulos, despeinados, bombacha indecisa, musculosa marrón, la piel blanca, aroma prefabricado, suave, camina hacia el baño. Paz. Silencio entero, silencio virgen del devenir denso de su respiración en mi cuello, del movimiento suavemente imperceptible de sus dedos jugando al injusto rol de la caricia, dedos escribas de palabras y letras y curvas sobre mi cuerpo, mi pecho, agitado y lleno de líneas invisibles.
Lo daría todo, pienso, pienso con dolor, todo lo daría por tenerte, por salir corriendo a buscarte. Amor torpe, tonto, breve, besos efímeros que al final, como siempre, se quiebran en el asco inmenso de una noche monstruosa, una noche para ciegos.


